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¿Tienes una web desde hace tres o cuatro años (o más) y desde entonces no te has ocupado de ella? Pues estás fuera del mercado. Con el siglo XXI bien avanzado, aún hay muchas empresas que consideran que su web es un “algo” que hay que tener, pero le dan escaso valor como activo para un balance. Como no se toca, como no ocupa espacio y no aporta nada tangible, pues no se le puede poner una cifra. Se trata de un error gigantesco.

Si ya tienes una web, enhorabuena. Pero no has hecho nada aún. ¿Cuantas webs hay en internet? Pues en agosto de 2019 se cuantificaron 1.700 millones y tres cuartas partes de ese número permanecen inactivas, es decir, son webs estáticas. Está claro que no vale solo con “estar”, hay que “ofrecer”.

En los últimos 25 años las empresas han creado páginas web como un commodity de su empresa, como un gasto de marketing cuando es un activo. ¿Por qué? Porque no esperan nada de ella, solo un “estar”.

La prueba para considerar algo un activo es demostrar que tiene un valor para el negocio. Es decir, si consigue leads comerciales, si capta clientes, si es capaz de atraer los mejores CVs para el departamento de RRHH, si consigue suscriptores para tu blog… Si tu web no hace nada de eso, pues no vale nada.

¿Por qué es esto importante? Al considerar su sitio web como un activo y no como un gasto, los directivos y propietarios de una empresa están más dispuestos a tener una visión a largo plazo de una web y, por tanto, invertir en consecuencia.

Tratar a la web como un comercial más (o el primero), como un gestor de recursos humanos más (o el único), produce un cambio de mentalidad en una organización. De repente, hay una voluntad de invertir para mejorar las cifras.

Pero invertir en una web no solo requiere una inversión inicial, por muy alta que se quiera o pueda hacer. Las páginas con buenas tasas de ventas y conversiones tardan años en consolidarse y necesitan un enfoque de mejora constante. En muchos sectores, un sitio web no se considera maduro hasta que tenga más de 1.000 páginas de contenido. Obviamente, eso tarda años en lograrse y requiere una inversión constante.

¿Cómo medir el valor de tu web de empresa?

La base para considerar el valor de una web corporativa es el potencial que tiene para conseguir nuevos ingresos o ventas. Valorar tu sitio web es similar a evaluar otras partidas del balance comercial: requiere habilidades profesionales y la capacidad para reconocer lo que crea valor en el sitio web:

  • ¿Cuántas ventas está consiguiendo tu web? ¿Ninguna? ¿Cuántos contactos están entrando a través de tu formulario de contacto en la web? Ninguno, ¿verdad? Pues con una web orientada a conseguir contactos, con un trabajo constante de inbound marketing, los leads entrarán de manera habitual. Con esos contactos se puede alimentar una base de datos que puede ser trabajada con un CRM desde el punto de vista comercial.
  • ¿Qué métricas tiene tu web? ¿Cuántas visitas? ¿Desde dónde? Quizá te puedan parecer poco interesantes esas cifras, pero son indicios debidamente fundamentados de por dónde irá tu negocio, lo quieras o no. Si tu web no tiene tráfico, nadie te va a tener en consideración.
  • ¿Qué tecnología emplea tu web? Durante su desarrollo, ¿se tuvieron en cuenta estrategias SEO? ¿Estás usando plataformas de software de marketing como Marketo o HubSpot para que gane impulso? Si no tienes claras las respuestas, está claro que necesitas reconsiderar la utilidad de tu web e incluirla en tu balance como un activo.

¿Te gustaría que hiciéramos una auditoría en tu sitio web para mostrarte su valor? Para hacerlo es necesario la visión de un profesional del marketing con experiencia. En Bannister Global podemos ayudarte a hacerlo y a considerar la estrategia para lograr el cambio.

Tu web bajo el microscopio

Etiquetas de la entrada: Comunicación online